En el charco

En el charco de los caídos las almas lloran,
penan sus vidas anteriores, nadie les ora.
Bestiales vientos en el aire siento
como en el pasado decir que fue un presentimiento
bajo la sombra de los musgos descanso
luego de sentir la lúgubre aurora me desmayo
en lugares jamás vistos en ensueños.
No me culpes a mí, cúlpalos a ellos
Extraño la psique libre que viaja,
que se dejaba llevar y a otros sitios traslada
los negros e infames pensamientos de la muerte
que hacían de mi corazón inerte
un órgano que alberga sentimientos dañinos
olvidando la mejor etapa del ser: ser niño.
Piso y piso charcos profundos, sin parar,
me detengo a momentos para respirar,
y ver lo que tengo a mi alrededor,
tan solo un alma camuflada de roedor
atrayéndome con irrechazables tratos.
Nadie, excepto mi alma, conoce su retrato
marcado de heridas de aquellos tiempos
donde las arenas movedizas estaban en lo cierto,
donde las arenas movedizas tenían en su poder
a las personas que nada tuvieran qué hacer.
Esperpento charco de las miserias,
Oigo tus llantos con imágenes sepias.
Con sépalos cuento mis horas.
No encuentro esa planta que devora
cualquier naciente orquídea, flor;
cualquier poema, cualquier canción.
Que me digan qué camino debo seguir,
antes de que mi cuerpo se quiera rendir,
antes de que en mi lápida pueda ver:
“Descansa aquí el débil que quiso correr.”
Lejos
Lejos de la niñez, lejos de la adultez.
Etapas secuestradas con huecos sin relleno.
¿Cómo alcanzamos la madurez?
Lejos del aura, lejos de ser uno.
Lejanía de todos los desechos.
Lejos de apreciar el camino,
lejos de saborear la dulzura de la existencia,
no sé dónde me he metido.
Lejos de alcanzar la perpetuidad
sin terminar mi penitencia
lejos de metas preparadas,
se pierde mi confianza.
Lejos de la llegada añorada.
Sin alcanzar el exilio del arquetipo
que guarda alguna esperanza.
Lejos del mercantilismo,
calidad en mis valores.
Lejos del surrealismo,
que me representó
sin dar explicaciones.
Lejos de la lejanía
que ejerce la fusión
entre la melancolía
y algunos recuerdos
que no hallan conexión.
Lejos de mis familiares,
lejos de la independencia moral.
No escucho los bellos cantares,
los que me llenaban de dicha,
los que me hacían soñar.
Lejos de saber el origen de la vida.
Lejos de nadar, volar, correr.
Inquieto con la sombra que me cobija,
no la quiero mirar, no la quiero sentir,
no la quiero andar, no la quiero oler.
Lejos de mandar, lejos de ser sumiso.
Lejos de esclavizar, lejos de ser esclavo.
Sin entender el romo camino,
con solitarios olvidados
que no entienden lo que hablo.
Copyrigth. Esteban Vélez
Bogotá, Colombia

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