El Rey Esclavo

Si el amor lo puede todo,
y además es el que manda.
Explica entonces, tu egoísmo,
mentira, tortura y propaganda.

Tu que vas por el camino,
destruyendo cual molino,
mis esperanzas de vida,
machucando mi destino
y mi felicidad perdida.

Se suponía que estabas hecho
para cuidar de nosotros,
a lo largo de la aventura.
hoy, tú no eres tú, hoy tú eres otro,
hoy tienes todo, menos cordura.

Me siento traicionado,
triste, y muy cansado.
Añoro la primavera,
de hermosos tiempos,
en que vivimos a lo pantera.
Aquellos tiempos verdes
cuando yo brincaba alto,
cuando amar fue obligatorio,
matar no era normal,
y tristeza era un velorio.

Poder alguno yo no tengo,
pero tampoco lo quiero,
yo solo quiero amar, amar,
y amar por siempre
porque amar es mi pasado,
mi futuro y mi presente.
Páginas blancas fuimos,
valiosos como diamantes,
seres divinos de alma pura,
hoy, ni moverme puedo,
obeso, esclavo de tu locura.

Mientes cuando dices que primero es la salud.
Recuerdo nuestro cigarro, el primero,
teníamos siete, claro, en el granero.
Aguacola y cerveza, con hamburguesa,
alegría vacía y fría, que hoy es tristeza.
La tragedia fue en cadena,
mil adicciones perversas.
alimentos que asesinan,
y enfermedades diversas.

Eras el órgano perfecto,
te retorciste por los excesos,
denigraste mi obra,
de tus mañas vivo preso.
Tus decisiones: el filo de la daga que traspasa,
mis anhelos y mis sueños amenazan.
Tus ambiciones: infinito que persigues sin balanza,
por los mares, los infiernos y la transa.
Tu franquicia: los colores que disfrazan tu avaricia,
contaminas todo, y lavas tus manos con malicia.
Tu patente:
El remedio exacto,
para llenar tu banco,
dosificar mi vida,
y calcular mi muerte.
¿¡Fundaciones!?
Pa’ eliminar tus pecados,
para limpiar tu conciencia,
pa’ maquillar resultados,
y confundir a la audiencia.
Yo fui el primero desde los tiempos del vientre,
Y permanezco, pa’ que tu sigas vigente,
Circulo la sangre, pa’ que todo marche bien,
yo soy la vida, yo soy la muerte,
Yo soy la máquina que lleva el tren.

FIN
Copyrigth Autor: Fernando Arriola

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