Drama/ Cristobal Soto Morales

Drama

Desperté a las dos de la tarde. Quería seguir durmiendo, pero tenía
hambre. Me levanto y veo que no hay almuerzo. Preparo un pan con queso y
lo meto al microondas. Prendo la tele y me lo como.

Son las tres de la mañana. Estoy en la mejor partida que recuerde. Hace
dos horas que quiero ir al baño, pero me aguanto. ¡Qué bien estoy jugando!
Se para frente al televisor y me gritonea, que le baje al volumen, que ella se levanta a las seis de la mañana, que por lo menos no grite. Se va
y comienzo a perder. Son ya las cinco de la madrugada. Me acuesto.

Luego de que peleamos me obligó a ir a una entrevista de trabajo. Fui.
Llegué al mall y me senté a esperar. Saqué mi celular y estuve jugando
toda la mañana. No me di cuenta y ya eran las dos de la tarde. Me levante a comprar unas papas fritas.

Peleamos horriblemente. Prometí pagar la mitad de la cuota de la compra del televisor. Simplemente no tenía dinero.

El ambiente estaba extraño, ella me retaba por cualquier cosa. Intentaba
no salir de la pieza cuando, en la tarde, regresaba ella. Al anochecer me
preparaba un pan y me volvía a la cama.

Todo está oscuro. No sé qué hora es. Siento (oigo) ruidos de platos y
risas en el comedor. Me tapo completamente. Quiero orinar. No quiero
salir. Intento reconciliar el sueño, pero me duele la cabeza.

Estoy solo, solo. Fue a ver a su hermana. Por una noche pude jugar
tranquilo, sin que alguien me molestara; nadie. Lo termino en su
totalidad. Luego de 14 horas puedo completarlo al 100 %.

Cuando regresa me da un abrazo. Hacemos las paces. Compra paltas
(aguacates) y las muele. Tomamos once y me regala un juego que le había
pedido hace mucho tiempo. Juego tranquilo todo el día.

No quería ir. Fui. En el supermercado encontré la mitad de la lista y me
aburrí. La fila para pagar era larguísima. Cuando quedaban dos personas,
una anciana me toca el hombro. Estaba con una bolsa de pan y me pide
permiso para pasar ella primero. No alcanzo a decir nada, se forma y una
señora empieza a reclamar. Sigo avanzado sin participar en la discusión.

Recibí un mensaje de un antiguo amigo. No lo he visto hace tres años.
Era mi único amigo en el liceo. Cuando entró a la universidad nos
empezamos a distanciar, cada vez más. Me invitaba a su fiesta de
graduación. Estaba yo muy emocionado, sentía muchas ganas de verlo. Me
encontraba mirándome al espejo cuando decidí sentarme en la cama, luego
me acosté. No le envié mensaje alguno, ni él a mí.

Termina el año. No quiero ir a la playa. Ella no quiere dejarme solo. Me
ofrece un celular nuevo, acepto. Paso la mayor parte de la fiesta
actualizando el celular.

Llegamos a un acuerdo. Estos dos meses de verano serán mis vacaciones. No me molestará.

Miro el perfil de una ex compañera. La saludo, ella responde una hora
después. No sé qué más decirle. Borro la conversación y la elimino de mi
lista de amigos.

Ha estado muy enferma. No sé qué hacer. Llegan todos a verla, me preguntan
si ha ido al médico, digo que no. La suben a un auto y se van. Espero en
el comedor hasta el otro día.

Salgo. Tengo que ir a la farmacia. Voy contando el dinero cuando me doy
cuenta que me siguen dos hombres. Se acercan, me preguntan la hora. Corro
y entro a un negocio. Me devuelvo a la casa sin los medicamentos.

El calor en mi pieza es insoportable. Afuera hay un ventilador, pero ella
está con las amigas. Juegan cartas. Se ha sentido mejor estos días.

Se acerca el fin del verano. Estamos almorzando y pone un papel sobre la
mesa: es el número de tu tío. Su empresa necesita operarios. No digo nada,
no puedo decir nada.

Va a la casa a tomar té. Está todo listo. Me trae el uniforme. A las siete
de la mañana pasará a buscarme. Hablo poco. Me levanto del asiento y voy
al patio. Miro las estrellas. Me gustaría saber el nombre de las
constelaciones, pero ni siquiera se logra divisar más de cinco estrellas.

Entro y me acuesto. Mañana empiezo a trabajar.

Copyrigth. Cristóbal Soto Morales

País Chile.

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