Bendita seas, madre mía/ Julio César Torres Hernández

¡Bendita seas, Madre mía!

Yo era tal vez parte del ambiente.
Pienso que allá, en lo profundo
de las partículas de átomos flotantes,
radicaba una fracción de mi energía.

Yo creo que en el subconsciente,
aún recuerdo nimios detalles,
del hoy lejano mundo;
que al inicio de mi existencia,
constituía mi plácido hábitat.

Y a lo mejor sentía, o percibía,
la satisfactoria ternura;
que al compás de sutiles movimientos,
quizá en involuntaria inconsciencia;
Tú, generosa, me prodigabas;

Y en las melodiosas notas de tu canto…
me enviabas ondulantes vibraciones,
pletóricas de relajante dulzura;
las cuales, sin duda alguna,
me hacen pensar que fue:
¡El lugar más seguro de mi vida!

Por eso bendigo el venturoso día;
cuando Dios pusiera mi espíritu,
en aquella fértil e incipiente semilla;
que en una diminuta célula tuya,
encontró fecundo alojamiento;

y en tu bendita entraña,
se gestara luego, este futuro nuevo ser;
y Tú, amorosa y deseosa de tenerme,
con el manto de tu piel me protegiste;
del inmenso frío, del riguroso invierno aquel.

También, en tu embarazo me diste;
el alimento con sabor a exquisita miel
y no dudo, que antes de salir del vientre;
con amor, dulcemente
de antemano me abrazabas.

Dices que, tras haber yo nacido;
fui un fulgurante lucero,
que iluminó la senda de tu vida;
pero, para mí, Tú fuiste el astro sol;
que en mi tierna y gélida infancia,
me irradió confortante calor;

Y encendió las invisibles velas,
del laberinto de mi endeble alma.
De esas céreas y votivas columnas;
aún hoy permanece la ignición,
sus flamas habrán de continuar
en pos de perenne posteridad.

Cada vez que, divagante
el objetivo de mi pensamiento eres Tú
y de mí se apodera la melancolía…
de las luces de mi patética alma,
emerge un resplandeciente heraldo,
que, jubiloso, me anuncia que Tú:
¡me amas tanto… tanto… tanto…!

Es entonces cuando yo corroboro;
que el amor de una madre,
es tan grandioso como el universo,
que es infinito, inagotable y tierno.
En estos versos yo quisiera elogiar,
lo inmensurable del amor materno;
pero, sé que en una estrofa
es misión imposible,
Plasmar mi gran sentir…

Así, por haberme dado vida
aquel maravilloso día;
y por amarme así,
como tú lo has hecho:
¡Bendita seas, Madre mía!

 

Jctorres_79@yahoo.com

Copyrigth. Julio César Torres Hernández

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